
Has apagado el correo. Has puesto el "fuera de la oficina". Estás en la toalla, con el mar delante y nada urgente que hacer. Todo indica que deberías estar en paz.
Y sin embargo, ahí está: una inquietud rara en el pecho. La sensación de que se te olvida algo. Un impulso de mirar el móvil sin motivo. Incluso un dolor de cabeza o un catarro que aparece justo el primer día libre.
Si te pasa, seguramente te has dicho lo de siempre: "no sé desconectar". Pero esa explicación no solo es incompleta. Es injusta contigo. Porque lo que ocurre no es un defecto de tu carácter. Es tu biología.
Durante todo el año, tu cuerpo se ha adaptado a un ritmo de exigencia constante. Plazos, notificaciones, decisiones, prisas. Para responder a eso, tu organismo activa una y otra vez el sistema de alerta: el que libera cortisol y adrenalina, acelera el pulso y te mantiene en tensión para "rendir".
El problema es que, si ese estado se repite durante meses, tu cuerpo deja de vivirlo como una excepción y empieza a tratarlo como su normalidad. La alerta se convierte en tu punto de partida. Estás activado por defecto, aunque no haya ningún peligro real.
Y entonces llegan las vacaciones. Paras de golpe. Pero tu sistema nervioso no tiene un interruptor. No se apaga porque tú decidas descansar. Lleva demasiado tiempo funcionando a un nivel de activación alto, y ese contraste brusco —de ir a fondo a frenar en seco— genera malestar.
No es que no sepas descansar. Es que tu cuerpo se ha acostumbrado tanto a la alerta que, cuando por fin puede soltarla, no sabe cómo.

Hay un fenómeno documentado que describe justo esto: el "leisure sickness" o malestar por tiempo libre, estudiado por el psicólogo Ad Vingerhoets. Describe cómo algunas personas desarrollan síntomas físicos y emocionales —dolores de cabeza, catarros, fatiga, inquietud— precisamente cuando dejan de estar ocupadas.
Una de las explicaciones es bioquímica: durante los periodos de mucha actividad, el cuerpo mantiene una respuesta de estrés sostenida. Cuando se relaja de forma repentina, ese sistema se reajusta, y en ese reajuste el organismo queda temporalmente más vulnerable. Es, salvando las distancias, parecido a lo que sientes cuando dejas de golpe algo a lo que tu cuerpo se había habituado: hay un periodo de desajuste antes de encontrar el nuevo equilibrio.
Hay además un factor psicológico. La rutina, aunque agote, también regula. Horarios, tareas, objetivos claros. Cuando todo eso desaparece de repente, el sistema nervioso puede interpretar esa falta de estructura como desestabilización. La mente busca dónde agarrarse, y si no lo encuentra, aparece la inquietud.
Por eso la calma, al principio, puede sentirse incómoda. No porque haya algo mal en ti. Sino porque tu cuerpo necesita tiempo para creerse que ya puede bajar la guardia.
Aquí está la parte que de verdad importa. Esa ansiedad de los primeros días de vacaciones no es solo un problema de la vuelta al descanso. Es información sobre cómo has estado viviendo los otros once meses.
Si tu cuerpo necesita una semana entera para empezar a relajarse, quizá la pregunta no sea "por qué no sé descansar", sino "a qué nivel de tensión he estado funcionando para que parar me cueste tanto".
Sentir algo de inquietud los primeros días es normal, y suele pasar solo conforme el sistema nervioso baja el ritmo. Pero si esa ansiedad no cede, si te acompaña también fuera de las vacaciones, si vives en una activación constante de la que nunca terminas de salir, puede que no se trate de un desajuste puntual, sino de una ansiedad sostenida que merece atención.
Y eso no se arregla descansando más. Se trabaja aprendiendo a regular ese sistema de alerta que lleva demasiado tiempo encendido.
Si te has reconocido en esto —si tu cuerpo parece incapaz de desconectar aunque tú se lo pidas, dentro y fuera de las vacaciones—, hablarlo con un profesional puede ayudarte a entender qué lo mantiene y a aprender a bajar el ritmo de verdad.
En el centro médico de Dictea contamos con profesionales de la psicología especializados en ansiedad, que pueden acompañarte con una primera consulta en la que escucharte y valorar juntos qué necesitas. Estamos en Sevilla, con atención presencial y online.
Descansar no debería costar tanto. Y si te cuesta, tu cuerpo no está fallando: te está avisando.
Autor
CEO Dictea